Mi dilatación espontánea a lo largo de
los días, confirmaba mi creencia de que el parto sería muy
bueno, sin dolor; siempre que me había imaginado el parto, lo
sentía como algo placentero, visualizaba al bebé saliendo de
mí, en el agua, nadando, dulcemente, como si nada, y yo le
estaría mirando como la cosa más natural del mundo.
Desde pequeña he creído que los partos no
son tan dolorosos como se dice. Mi madre nos decía que en las
películas los exageran mucho, que no es verdad que las
mujeres sufran, sino que están muy contentas por la alegría
de ver a su hijo, yo le creí, ...
A una mujer que va a parir le diría que se
encuentra en una situación, para mí, envidiable, que lo
disfrute al máximo porque luego da mucho gusto recordarlo.
Si cierro los ojos y revivo mi experiencia
durante el parto, no puedo evitar dibujar una sonrisa
placentera. En uno de estos recuerdos, mientras daba de mamar
a Carlos, me dejé llevar por mis pensamientos un buen rato y
al volver en mí y mirar a mi hijo vi que él también tenía
una hermosa sonrisa; me gustó creer que le había transmitido
ese placer que él me dio al nacer.
A mí me hizo mucha ilusión sentir las
contracciones en la última fase, porque las de la dilatación
no las había sentido. Vinieron acompañadas por el deseo de
empujar. Era como una fuerza interior que quiere salir y es
inevitable colaborar empujando. Estaba con los cinco sentidos
pendiente de notar ¡por fin! algo, por eso quizás las
recuerdo como algo muy emocionante. Vinieron sobre las 14
horas y a los pocos minutos pedí que me llenaran la bañera
porque notaba que todo pasaba muy deprisa y temía que no me
diese tiempo de tenerle dentro del agua como me apetecía.
Al entrar en el agua me relajé mucho, ya
no me preocupaba si nacería demasiado pronto porque ya estaba
donde quería tenerlo. Las contracciones pasaron de ser una
fuerte presión hacia abajo para convertirse en una presión
más hacia fuera, básicamente era una sensación de pujar y
mucha ilusión porque ya estaba todo en marcha. Además estaba
muy cómoda porque al flotar en el agua es mucho más fácil
adoptar cualquier postura, colocarse de lado, ...
Miguel entró en la bañera y me ayudó
mucho porque apoyada en él hacía fuerza en sus piernas y
así es bastante más fácil concentrar toda la energía en la
expulsión, además me encontraba muy a gusto y acompañada,
tanto Pedro como Coni me daban confianza en lo que hacía y
... en una de esas contracciones que duró algo más, salió
la cabecita, cuando me lo dijeron no lo podía creer y la
toqué, fue muy emocionante, también para Miguel. Nos pusimos
muy contentos, tanto que en la siguiente contracción no hice
casi ni fuerza porque con la ilusión estaba medio aturdida,
me dije: en esta contracción descanso y en la siguiente sale.
Así fue, esta vez si que noté cómo salía su cuerpo, algo
así como si un chorro de burbujas pasase entre mis piernas,
muy rápido, pero intenso. Me gustó mucho entonces y me sigue
gustando recordarlo.
Tras el intenso placer que he descrito, va
la gran alegría que sentí cuando me lo pusieron encima. Lo
abracé, estaba calentito y muy suave, miraba a todas partes
con los ojitos de par en par y la cabeza levantada. Mientras
le sonreía, le iba acariciando la espalda y, junto a Miguel,
le dimos la bienvenida.
Pedro y Coni se apartaron, nos dejaron
vivir ese momento con intimidad y alegría, venían de vez en
cuando a comprobar si el cordón umbilical seguía latiendo.
Cuando cesó, Miguel lo cortó y yo saqué la placenta, ...
Seguiría el relato con detalle hasta ahora, que ya ha
cumplido los tres meses.
Patricia